7/12/10

Espaldamaceta simplemente mola!

Espaldamaceta en directo en la fiesta Tanned Tin from madasenerb on Vimeo.

Y Yo, de mayor, quiero ser como Javier Marías.

ENTUSIASTAS QUE MATAN

Hace ya siete años, publiqué aquí un artículo titulado “Acabaré odiándola”. Me refería a lo que más me gusta en el mundo, la música, y si preveía un odio futuro era por la obligación que hoy tenemos de escucharla a todas horas y en todas partes, querámoslo o no, y además no la que elegimos, sino la que nos imponen otros en las calles, en los trenes, en los teléfonos, en las tiendas, por doquier. En el tiempo transcurrido desde entonces no sólo ese abuso ha ido a más, sino que se ha extendido a otras cosas, prácticamente a todas, por culpa de los entusiastas de cada una de ellas.

Los entusiastas actuales, se habrán dado cuenta, no se conforman con disfrutar obsesivamente de aquello por lo que sienten predilección, sino que necesitan: a) que el resto de la humanidad se entere de sus entusiasmos y de su disfrute; b) constituirse ellos mismos en espectáculo; c) imponerle sus aficiones al prójimo. Con ello lo que consiguen es un efecto contraproducente: sus semejantes acaban por detestar lo que ellos adoran, y sobre todo a los adoradores mismos, convertidos todos en tremebundos plastas. Unas semanas atrás me quedé atónito hacia el final de un telediario, que daba como noticia “simpática” y “festiva” lo siguiente: una panda de devotos de la poesía, en vista de que este género a veces sublime se lee muy poco, había decidido “sacar la poesía a las calles”, es decir, parar a los viandantes y soltarles unos versos a bocajarro; recitar sonetos por un megáfono, molestando así a un vecindario entero; llamar a los telefonillos de las casas y endosarle unas coplas al incauto que contestara; en suma, dar la tabarra e imponer su fervor. “Si la gente no viene a los recitales”, decía un majadero ufano, “la poesía irá a los portales”. Como ilustración de la “risueña iniciativa”, se veía cómo un memo, desde la acera, coaccionaba a un inquilino paciente a tragarse el siguiente “poema”: “No es lo mismo la chica del público que el público de la chica”, o tal vez fuera: “No da igual el pubis de la muchacha que la muchacha del pubis”, les juro que en todo caso la chorrada tenía de poesía lo que Rajoy de contemporáneo. Pero vamos, si alguien llama a mi puerta mientras estoy escribiendo, o viendo el fútbol, o lo que sea, y se empeña en leerme algo, aunque sean las Elegías de Duino de Rilke, lo trituro con mis propias manos (supongo que hoy en día conviene añadir que esto último es una hipérbole, no se me vaya a acusar de violento). La acción de los entusiastas poéticos no podía dar como resultado sino que el personal odiara los versos a partir de ese día.

Lo mismo ocurre con todo, ya digo. Hay una plataforma que reivindica en Madrid carriles bici como los que hay en otros sitios, y en principio uno no tiene nada contra ese medio de locomoción. Ahora bien, si cada jueves desde hace meses esos “bicistas” invaden el Paseo del Prado en hora punta y colapsan una de las arterias de la capital, con los consiguientes retrasos y molestias para toda la ciudadanía, lo normal es que ésta se vuelva en contra de las pobres bicis –y sobre todo de los abusivos pelmas que las montan– y que íntimamente desee que se fastidien y que jamás les concedan los dichosos carriles. O si tres días antes de la festividad de la Almudena (¡tres!), los beatos ya están probando con altavoces monstruosos los cánticos que sonarán en el centro de la ciudad, es natural que los vecinos se dediquen a maldecir a esa Virgen madrileña, esto es, a blasfemar. O si la llegada del Papa de colmillo retorcido supone que media Barcelona quede tomada y no se pueda transitar por ella desde varias jornadas antes del advenimiento, que quienes viven no demasiado lejos de la Sagrada Familia se vean impedidos de utilizar el coche e incluso de estacionarlo, y que todo el mundo se vea condenado a escuchar las guitarricas y las cancioncillas de las desafinadas juventudes papales, entonces no es extraño que la población condal eche pestes de Benedicto, de las monjas, de los kikos, del fantasma de Gaudí y de cuantos tengan parte en la invasión. O si, de nuevo en Madrid, y por culpa de los premios de la MTV, todo el centro queda cortado y no hay quien dé un paso de viernes a lunes, a nadie le parecerá raro que la mayoría de los madrileños (por muy popular y multitudinario que sea un acto, siempre es una minoría la que lo disfruta y participa en él) acaben acordándose de las madres y padres de Shakira, Miley Cyrus y Eva Longoria, y por su puesto de Gallardón y Lady Gaga.

La semana anterior a este “cosmopolita evento” tocó el llamado Día de la Trashumancia, ese domingo aldeano en que también todo se paraliza para que pasen las ovejas y bueyes por la zona más céntrica, antigua cañada real. Pero esto ya ha sido convertido en un espectáculo más, con sus fans. Díganme, si no, qué hacían, junto a las ovejas, unas tías con castañuelas que las acompañaban danzando, sin que los bóvidos siguieran su ejemplo ni les hicieran ni puto caso. El odio cayó sobre los animales, que qué culpa tenían. Los entusiastas del atletismo, de las maratones, de los mimos, de las bicis, de la música, de la poesía, de la Almudena y del Papa, todos resultan contraproducentes y los peores embajadores de los objetos de su pasión. Así no hay manera de que contagien ni una al personal; al contrario, lo vacunan contra todas. Hay entusiastas que matan.

Javier Marías

El País 21/11/2010

4/12/10

Tame Impala

Y si nunca me han gustado The Beatles ¿por qué ahora no puedo sacar de la cabeza y de mi reproductor este grupo?








Tal vez por que también me suenan a Ramones, black Sabbath, The Who, Jimi Hendrix Experience... puro Old School!!

27/9/10

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Y cuando llegamos de NYC con la mente aún nublada con nuestros pies sin saber que dirección tomar, con la cerveza rebotando dentro del cuerpo, con la fiesta más grande en el lugar más pequeño, veo esto...


video

22/9/10

Hoy empieza el otoño

Ritmo de Otoño
Federico García Lorca

Amargura dorada en el paisaje.

El corazón escucha.
En la tristeza húmeda el viento dijo:
Yo soy todo de estrellas derretidas, sangre del infinito.
Con mi roce descubro los colores de los fondos dormidos.
Voy herido de místicas miradas,
yo llevo los suspiros en burbujas de sangre invisibles
hacia el sereno triunfo del amor inmortal lleno de Noche.

Me conocen los niños, y me cuajo en tristezas.

Sobre cuentos de reinas y castillos, soy copa de luz.
Soy incensario de cantos desprendidos
que cayeron envueltos en azules transparencias de ritmo.
En mi alma perdiéronse solemnes carne y alma de Cristo,
y finjo la tristeza de la tarde melancólico y frío.

El bosque innumerable.

Llevo las carabelas de los sueños a lo desconocido.
Y tengo la amargura solitaria de no saber mi fin ni mi destino.
Las palabras del viento eran suaves con hondura de lirios.
Mi corazón durmiose en la tristeza del crepúsculo.

Sobre la parda tierra de la estepa los gusanos dijeron sus delirios.
Soportamos tristezas al borde del camino.
Sabemos de las flores de los bosques,
del canto monocorde de los grillos,
de la lira sin cuerdas que pulsamos,
del oculto sendero que seguimos.
Nuestro ideal no llega a las estrellas,
es sereno, sencillo: quisiéramos hacer miel, como abejas,
o tener dulce voz o fuerte grito,
o fácil caminar sobre las hierbas,
o senos donde mamen nuestros hijos.

Dichosos los que nacen mariposas
o tienen luz de luna en su vestido.
¡Dichosos los que cortan la rosa y recogen el trigo!
¡Dichosos los que dudan de la muerte teniendo Paraíso,
y el aire que recorre lo que quiere seguro de infinito!
Dichosos los gloriosos y los fuertes,
los que jamás fueron compadecidos,
los que bendijo y sonrió triunfante el hermano Francisco.
Pasamos mucha pena cruzando los caminos.

Quisiéramos saber lo que nos hablan los álamos del río.
Y en la muda tristeza de la tarde respondioles el polvo del camino:
Dichosos, ¡oh gusanos!,
que tenéis justa conciencia de vosotros mismos,
y formas y pasiones, y hogares encendidos.
Yo en el sol me disuelvo siguiendo al peregrino,
y cuando pienso ya en la luz quedarme,
caigo al suelo dormido.

Los gusanos lloraron, y los árboles,
moviendo sus cabezas pensativos, dijeron:
El azul es imposible.
Creíamos alcanzarlo cuando niños,
y quisiéramos ser como las águilas
ahora que estamos por el rayo heridos. De las águilas es todo el azul.
Y el águila a lo lejos: ¡No, no es mío!
Porque el azul lo tienen las estrellas entre sus claros brillos.

Las estrellas: Tampoco lo tenemos:
está entre nosotras escondido.
Y la negra distancia: El azul lo tiene la esperanza en su recinto.
Y la esperanza dice quedamente desde el reino sombrío:
Vosotros me inventasteis corazones,
Y el corazón: ¡Dios mío!
El otoño ha dejado ya sin hojas los álamos del río.
El agua ha adormecido en plata vieja al polvo del camino.
Los gusanos se hunden soñolientos en sus hogares fríos.
El águila se pierde en la montaña;
el viento dice: Soy eterno ritmo.
Se oyen las nanas a las cunas pobres,
y el llanto del rebaño en el aprisco.

La mojada tristeza del paisaje enseña
como un lirio las arrugas severas que dejaron
los ojos pensadores de los siglos.
Y mientras que descansan las estrellas
sobre el azul dormido, mi corazón ve su ideal lejano y pregunta:
¡Dios mío!
Pero,
Dios mío, ¿a quién? ¿Quién es Dios mío?
¿Por qué nuestra esperanza se adormece
y sentimos el fracaso lírico
y los ojos se cierran comprendiendo todo el azul?
Sobre el paisaje viejo y el hogar humeante
quiero lanzar mi grito,
sollozando de mí como el gusano deplora su destino.

Pidiendo lo del hombre,
Amor inmenso y azul como los álamos del río.
Azul de corazones y de fuerza, el azul de mí mismo,
que me ponga en las manos la gran llave que fuerce al infinito.
Sin terror y sin miedo ante la muerte,
escarchado de amor y de lirismo,
aunque me hiera el rayo como al árbol
y me quede sin hojas y sin grito.

Ahora tengo en la frente rosas blancas y la copa rebosando vino.


16/9/10

Nunca estaré lo suficientemente agradecido a António Lobo Antunes

En relación a Charlie Parker, Lester Young y Ben Webster, en "De Dios como aficionado al jazz". Segundo Libro de Crónicas.

"Estos tres seres se sentaban a la diestra del Padre y me asombra no encontrarlos en los altares de las iglesias. Tal vez no exista lugar, en cielos de mármol y escayola, para alcohólicos promiscuos y pecadores sin remedio. Tal vez haya personas que se sientan mejor en compañía de seres edificantes que no edificaron nada a no ser vidas sin alegría rematadas por agonías virtuosas entre fragancias de azucena....."

Yo solo me atrevo a añadir... ¿y en que silla de qué infierno estaría sentado John Coltrane?